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LOS BAUTIZOS DE LA TRICENTENARIA

Redacción CG

La prohibición de realizar los famosos bautizos en la universidad pública no es nueva y a pesar que se quiere, por los medios legales disponibles para las autoridades frenarlos, esto es poco menos que imposible por razones simples y lógicas.

La propia Procuraduría de los Derechos Humanos está siendo testigo de un acto consentido y tolerado por los estudiantes de primer ingreso que de principio sabían que uno de los “beneficios” incorporados de estudiar en la USAC, es el tradicional bautizo.   Nada más simple que la propia voluntad de los estudiantes.

En donde toca otorgar la razón a las autoridades es el abuso de los personajes que propinan ese bautizo que incluso ha costado vidas; y esto simplemente no puede ni debe suceder en una actividad que se supone es de jolgorio.   Por otro lado esta desobediencia a la prohibición de realizar estas actividades es un síntoma de sociedad:  la anarquía está imperando en Guatemala.

En  nuestra época de estudiantes también tuvimos que enfrentar esa actividad y luego resulta que cada quien la espera con un cierto grado de impaciencia, júbilo e incertidumbre, pero con la certeza que luego de superar todos los obstáculos podrá llamarse orgullosamente sancarlista.   Qué se extralimitaron en muchos casos, sí.   Qué varias veces se pudieron evitar tragedias, sí.   Ahora que los estudiantes tienen la escogencia de participar o no en las actividades por su propio gusto y gana, tampoco faculta la vulneración de su dignidad; aunque si lo expone a cuestiones poco normales pero tras de ello esta un orgullo de haberse ganado el respeto de una comunidad, la comunidad estudiantil universitaria.

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