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Quién mató a Byron Lima: ¿un “crimen de Estado”?

El 18 de julio, el día en que el excapitán del Ejército Byron Lima —quien era conocido como el “rey” del sistema carcelario de Guatemala— fue asesinado en una aparente querella con otro poderoso interno, su hermano menor, Luis Lima, publicó un video en su página de Facebook.

“Este no es un motín normal de un pleito de poder dentro de un penal, como están diciendo algunos medios de comunicación o como será la hipótesis del gobierno actual; este es un crimen de Estado”.

Esta acusación era más que una metáfora de la forma como se produjo el asesinato de Lima: dentro de la prisión de Pavón, por un arma de fuego de alto calibre con cinco disparos en la cara; otras 12 personas murieron además de Lima, y 10 resultaron heridas, algunas de ellas al estallar una granada.

Byron Lima era más grande que el sistema penitenciario que alguna vez llegó a controlar, y su asesinato parece haberse debido a algo más que a una disputa por venta de drogas, como lo pregonaron algunas autoridades en los días siguientes a su llamativo
asesinato.

Secretos de Estado

En pocas palabras, Lima guardaba secretos de Estado. Estos secretos están relacionados en parte con el caso por el que fue encarcelado: el asesinato, en 1998, del obispo JuanGerardi, quien junto con sus compañeros de la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala, había acabado de publicar un documento titulado Nunca más, un compendio de las violaciones cometidas durante los 36 años de guerra civil —en su mayoría por parte del Ejército del cual Lima, su padre y su abuelo eran miembros honorarios—.

La pregunta que surgió después del asesinato de Gerardi no fue quién lo hizo (las sospechas recayeron inmediatamente sobre el Ejército del país y su tan cacareado aparato de inteligencia) sino qué tan alto había llegado la conspiración al interior del Gobierno.

Cuando Lima, su padre, el coronel (r) Byron Lima Estrada, el sargento mayor Óscar Villanueva y un sacerdote que vivía con Gerardi fueron detenidos y condenados por el asesinato, pocas personas quedaron satisfechas con el veredicto. Muchos guatemaltecos dijeron que habían sido chivos expiatorios por lo que todo el mundo llamó un “crimen de Estado”.

¿Pero ellos fueron chivos expiatorios para que los verdaderos autores intelectuales de los servicios de inteligencia del Ejército pudieran quedar libres? ¿O fueron convertidos en chivos expiatorios para satisfacer a la comunidad internacional —especialmente a las organizaciones no gubernamentales y de derechos humanos— que insistía en que alguien debía pagar por las atrocidades cometidas durante la guerra?

Por su parte, Lima jugó en ambos lados. Por un lado, se quejaba de los grupos de derechos humanos.

“Nosotros ganamos la guerra militarmente”, le dijo en 2001 a la periodista guatemalteca Claudia Méndez Arriaza, que trabajaba para elPeriódico y actualmente es editora de ContraPoder. “Pero la perdimos políticamente”.

Por otra parte, sugirió que tenía más información, que sabía quiénes habían sido los verdaderos autores intelectuales dentro del Gobierno.

“Quiero decir que este es un problema que empieza en una punta y va a estallar debajo de un despacho”, le dijo a Méndez Arriaza en la misma entrevista. “Puede ser en el Ministerio de la Defensa o en el Estado Mayor Presidencial (EMP).

Estas declaraciones de alguien que tenía entrenamiento en inteligencia y contrainteligencia parecían ser algo más que bromas para enardecer los ánimos de quienes defendían la hipótesis de una conspiración en Guatemala. Además, le dieron a Lima un verdadero poder dentro de su nuevo mundo, el turbulento sistema penitenciario de Guatemala.

“El poder de Byron Lima se basa en su silencio”, le dijo a  InSight Crime un funcionario de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), apéndice de las Naciones Unidas en el sistema de justicia
guatemalteco.

En otras palabras, Lima aceptaría la culpa por el asesinato de Gerardi, pero lo haría a un precio.

“Yo no voy a presentar nada”, le dijo a Méndez Arriaza. “Que las cosas caigan por su peso. No me quiero involucrar en más problemas”.

Un preso con poder

La CICIG, el Ministerio Público y otros organismos han investigado cuánto poder obtuvo Lima gracias a su silencio. Por su parte, el excapitán del Ejército no solo había iniciado varios prósperos negocios dentro y fuera de la cárcel, logró chantajear narcotraficantes por millones de dólares y estaba aportando dinero a las campañas políticas, sino que además estaba nombrando a casi todos los altos funcionarios del sistema carcelario de Guatemala (tema que se ampliará en la Parte III). En este proceso llegó a hacerse rico, según dicen los investigadores, acumulando propiedades y autos de lujo, que utilizaba para visitar los clubes nocturnos de Ciudad de Guatemala.

El control que Lima tenía sobre el sistema también se debió a la amplia red de civiles y militares que estableció en las Fuerzas Especiales del Ejército y por su trabajo en el Estado Mayor Presidencial (EMP). El EMP era la red más temida del Gobierno y en la que más se confiaba.

Su jefe en el EMP fue el general Otto Pérez Molina, quien luego se retiraría, fundaría un partido político y llegaría a ser presidente. Lima mantuvo una estrecha relación con el general, así como con su familia —entrenó en el Ejército al hijo de Pérez Molina, quien más tarde llegaría a ser alcalde—.

Lima fue además parte de la unidad antisecuestro del Gobierno a finales de los noventa, y trabajó para salvar a los hijos, hijas y cuñados de la élite económica tradicional del país. Supuestamente salvó a la primera dama, Patricia de Arzú, de un conductor ebrio en 1996. Uno de sus camaradas, el mismo sargento mayor Óscar Villanueva, que más tarde fue condenado junto con él por el asesinato de Gerardi, mató de un disparo al conductor en un incidente que es tan turbio como el mismo Lima. Villanueva fue a la cárcel por el asesinato, pero los fiscales dijeron que las autoridades lo dejaron salir de la cárcel para que participara en el asesinato de Gerardi.

Byron Lima Oliva purgaba una pena de 20 años por la muerte de Monseñor Gerardi, además enfrentaba otros dos procesos.

La lealtad de Lima a los Arzú también se ha utilizado como explicación de su poder en el sistema penitenciario. El hijo de Arzú supuestamente tenía una relación con un sacerdote que vivía en la parroquia con Gerardi, y al parecer estaba en la parroquia cuando el obispo fue asesinado en 1998. Ese sacerdote fue a la cárcel por el crimen. Lima guardó silencio.

“Yo se lo he preguntado mil veces”, le dijo Luis Lima a InSight Crime refiriéndose a la historia de Arzú. “Porque como esa hipótesis la mencionan tanto, pues ya entra uno en duda. ¿Será que este realmente está tapando al hijo? Pero él me dice: ‘yo no voy a sacrificar mi vida por tapar a alguien’”.

Por su parte, Luis Lima confiaba en que el Gobierno reabriría el caso Gerardi. Le dijo a InSight Crime que, habían encontrado a uno de los testigos que habían estado buscando por mucho tiempo, alguien que tenía conexiones con quienes según él eran los verdaderos autores del crimen, los Valle del Sol, un violento grupo criminal que se dedicaba a robar de todo, desde autos hasta reliquias religiosas, para luego vender estos objetos en el mercado negro.

En sus declaraciones el día en que su hermano fue asesinado, Lima se refirió al caso Gerardi, diciendo que el FBI tenía un “testigo protegido” en Estados Unidos.

Esta era la primera parte de su teoría de un “crimen de Estado”: el “Estado” no quería que el caso se reabriera porque ello mostraría que Lima era un chivo expiatorio, y abriría la posibilidad de enjuiciar a otras personas.

La ironía, por supuesto, es que Lima no pensaba en los miembros del Ejército o el EMP que pudieron haber sido los verdaderos autores intelectuales del crimen. Pensaba en los defensores de los derechos humanos, las ONG y los exguerrilleros que según él han buscado venganza por haber perdido la guerra, enjuiciando a militares como su hermano y su padre.

“A la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado no le iba a gustar”, le dijo a Prensa Libre. “Esa ha sido su bandera insignia”.

Otros fueron mucho más allá de Luis Lima, publicando en las redes sociales fotos de los defensores de derechos humanos y de exfuncionarios del Gobierno que según ellos forjaron la imagen del “héroe” Byron Lima y fueron responsables de su muerte.

¿Demasiado poder para sí mismo?

Sin embargo, con su segundo comentario Luis Lima añadió aún más intriga a la teoría de “crimen de Estado”.

“Y el otro tema que se nos informó por fuentes del mismo Ejecutivo es que se estaba gestando un plan para eliminar a Byron, para poder así llevar a cabo una reforma penitenciaria”, dijo en su cuenta de Facebook.

Luis Lima agregó que le había traído a su hermano un chaleco antibalas días antes de su asesinato, pero que quienes mataron a su hermano no eran “criminales comunes”.

“Una operación de esas no la hace cualquier delincuente”, le dijo a Prensa Libre. “(Alguien) con logística, con permisos para ingresar armas, granadas, porque las armas y las pistolas no entran caminando con pies”.

Estas acusaciones se presentaron en un momento oportuno. Hay una gran cantidad de dinero para la construcción de cárceles, y la reforma penitenciaria ya está avanzando. Está financiada y dirigida, sin embargo, por el Gobierno de Estados Unidos, específicamente por la oficina de Lucha Antinarcóticos a nivel Internacional (INL por sus iniciales en inglés), del Departamento de Estado de Estados Unidos.

Lima no cree que la INL haya matado a su hermano. Él cree que el plan provino del Ministerio del Interior, que administra las prisiones en Guatemala y es el que más beneficios económicos obtendría de las reformas y las construcciones, especialmente con la afluencia de fondos de la “Alianza para la Prosperidad” —nombre dado a un paquete de ayuda de Estados Unidos para Centroamérica, que asciende a US$750 millones—.

La acusación parece fantasiosa, y linda con el delirio. Pero Luis Lima está convencido, y hay algo de verdad en lo que él dice sobre las armas al interior del sistema penitenciario.

Además, en los días que siguieron al asesinato se publicó un video. Lima le dijo a InSight Crime que obtuvo el video de un preso que entró a la escena del crimen poco después del asesinato de su hermano. El video muestra a varias personas, una de las cuales al parecer es Lima, muertas y con sangre alrededor de sus cuerpos. Están completamente vestidas.

Más tarde, las fotos que le fueron proporcionadas a InSight Crime mostraban a varias de las víctimas vestidas con menos ropa.

“Esto fue un tema más planificado que una simple riña entre grupos criminales en Pavón”, escribió en su cuenta de Facebook el día en que murió su hermano, con sus ojos rojos por la tristeza, la rabia, o ambas cosas.