Un poco de todo, todo nos pela…

Redacción: CG

Consternada quedaría momentáneamente la sociedad guatemalteca, luego de los recientes eventos en el Hospital Roosevelt y que dejaron un lamentable saldo.   A las pocas horas ese dolor e indignación se disipó entre las noticias y un partido de futbol internacional que nos extrajo de esa realidad que a diario vivimos como nación y que sólo toca nuestro corazón cuando afecta a nuestros seres queridos.

 

La indiferencia se ha generalizado tanto que es más evidente la preocupación en cosas tan individuales que ahora nos parece que una simple interacción en las redes sociales nos hace expresar nuestro sentir.   Las grandes decisiones se toman tan lejos del sentir verdadero de la gente y nosotros como pueblo mucho más.   Entre activistas de la pena de muerte y el rechazo hacia los mareros y sus acciones, dando la impresión que no terminamos de comprender la importancia de involucrarnos en lo que realmente importa, simplemente porque nos afecta a todos.

 

Ahora si hay millones de personas que despotrican contra el presidente de la República, que al final no está haciendo más que lo que se esperaba de él y no por falta de voluntad, sino por falta de rodaje en un mundo político nacional que pide más que buenas intenciones.

 

Los grandes ganadores de todo este desmadre nunca aparecen, pero existen.   Robinson ya dejó cumplida su misión y ese tridente infernal que conformara con el colombiano y la Fiscal no daba para más, aunque ya dejaron avanzada una labor de secuestrar a las instituciones y poderes del Estado.   Vemos a mucha gente inocente enfrentando procesos y a otros cuantos empresarios que están pagando con creces haberse involucrado en una forma de hacer negocios que era tan típica en Guatemala que los contrario era raro, es decir, hacer las cosas bien.

 

El combate a la corrupción no es malo, pero el método empleado si.   Esta depuración y selectiva persecución sigue dejando en una favorable soledad a los monstruos corporativos de siempre.   Aquellos que se benefician de la existencia de monopolios y de latifundios.   Si esto fuera mentira, ¿dónde están los que se llevan los miles de millones de quetzales en contratos del Estado y en situaciones económicas abusivamente ventajosas?   Se acuño una nueva palabra para todo esto: cooptar.   Y les vamos a dar una noticia, en Guatemala la cooptación únicamente existe en ciertos puestos, como el ministerio de Economía y el ministerio de Energía y Minas, eventualmente el de Relaciones Exteriores, por una simple lógica: hay unas cuantas familias que los ponen a dedo y para proteger sus intereses.

 

Lo que pasa en Guatemala es que esa misma ruina provocada por el favorecimiento de intereses elitistas, provocan que las grandes cargas tributarias sean soportadas por los de en medio y que normalmente son aquellos que al final, todo les pela.   Por cierto, lo que pasa en Guatemala se llama secuestro de Estado.